Hace poco, mientras atravesaba la sección de aseo del supermercado, fui asaltado por un cuestionamiento perceptiblemente superficial pero que me indujo a pensar en el uso de ciertos superlativos como parte de la estrategia de mercadeo para un producto en particular, el papel higiénico.
Empecemos por recordar que un superlativo es esencialmente un adjetivo, osea, una palabra que expresa cualidades o estados referidos al sustantivo (fácil, bonito, etc.). Sin embargo, en el caso de este escrito, vamos a limitarnos al uso de los superlativos: Super, Hiper, Mega, Giga, etc., usados cada vez más frecuentemente como prefijos de de cantidad en las estrategias de tan básico producto.
Es claro que estos prefijos no solo adornan los empaques del papel, pero lo que me hace considerar especialmente este caso es el hecho de utilizarlos como parte principal de la estrategia, aniquilando absolutamente las posibilidades de diferenciación que podría tener una expansión de linea con un nombre que la identificara apropiadamente. Al parecer, las marcas más importantes del sector, a nivel internacional, se han contagiado y han optado por el Superrollo, el Megarollo (indebidamente reemplazando al megarrollo), y el resto de sus semejantes.

Papel higiénico Familio

Papel Higiénico Super Suplex
El problema que quiero enfatizar en esta práctica es que claramente el usuario final es incapaz de distinguir acertadamente las propiedades del producto y en la mayoría de los casos deja la decisión de compra en manos del azar o del balance precio/cantidad de rollos. Podemos hacer un experimento simple para notarlo, ¿Podría usted enunciar a través de la memoria la diferencia entre un Superrollo, un Megarollo y un 3en1?. No conozco a nadie que lo pueda hacer.
¿Será absolutamente necesario este sacrificio tan fuerte en el punto de venta? Lo dudo, pero espero que, por lo menos, nos sirva como caso de estudio.















